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sábado, 15 de julio de 2017

Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara y demás Víctimas

Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara y demás Víctimas

Este artículo lo realizo en respuesta a los comentarios (la gran mayoría elogiosos) recibidos en las redes sociales de mi anterior artículo sobre Miguel Ángel Blanco. También de algunos comentarios a otros artículos compartidos sobre él como símbolo para todas las víctimas de ETA. Y en respuesta a algunas críticas, las menos y casi todas ellas por privado.

Ortega Lara

Algunos amigos me han reprochado no hablar de Ortega Lara no de la época del secuestro de Miguel Ángel. A esto último me referiré más adelante. Respecto a Ortega Lara, su principal importancia es que estuvo allí y reaccionó como un hombre de bien. Como recientemente reaccionó Ignacio en Londres: haciendo frente. No cediendo al chantaje. Y diciendo que el gobierno había hecho bien en no ceder al chantaje.
¿Es menos víctima por estar vivo? No .Pero es cierto que está vivo. No sé si ya era del PP cuando estaba secuestrado o se apuntó luego. Dejó el PP, en un gesto que le hora aunque sea el último, en la misma época que María San Gil y Regina Otaola. Sin embargo, como diría Mayra Gómez Kemp, «hasta aquí voy a decir», ya que no quiero hablar contra él.

Miguel Ángel y la vileza moral de ETA.

No hablé del secuestro de Miguel Ángel, del anuncio de su asesinato. Ni de su aparición el día indicado con un tiro en la nuca. Tiro que por sadismo o por torpeza no lo asesinó inmediatamente sino que dio lugar a horas de agonía. Personalmente dudo que su asesino careciese de práctica como para un tiro bastante más limpio e inmediato, dadas las circunstancias.

Solo estas circunstancias lo convierten en una víctima especial, como luego repetiré. En un símbolo de la vileza moral de los integrantes de ETA. Y de todos los que interesadamente o no apoyan a ETA y sus postulados.
Miguel Ángel Blanco, el «2 de mayo» español de finales del siglo XX, solo que en esta ocasión él murió y los españoles perdimos.

Miguel Ángel Blanco y el ayuntamiento de Madrid

Es cierto que si honrásemos a todas las víctimas de ETA cada día habría que poner una, o varias, pancartas en todos los ayuntamientos de España en su honor. Cada día del año hay alguien que conmemora el aniversario de uno o más asesinados por ETA durante la democracia. Da igual que fuese gente que pasaba por allí. Como en el caso de las muchas víctimas de Hipercor. Simplemente porque la empresa propietaria, El Corte Inglés, se negó a pagarles la extorsión, mal llamada «impuesto revolucionario». O niños, como Irene Villa, cuyo único problema a ojos de los asesinos era que su familia eran Guardias Civiles.
Pero el caso de Miguel Ángel Blanco es especial. Es especial porque fue secuestrado por ser español, por ser del PP, por ser concejal. Es especial porque fue secuestrado después de la liberación de Ortega Lara por las Fuerzas de Seguridad. Liberación por las armas y sin que el estado cediese al chantaje de su secuestro. Es especial porque por primera (y única) vez, ETA anunció que asesinaría a un secuestrado y el plazo de tiempo. Es especial porque «el pago», el chantaje que exigían era el acercamiento de presos a Vascongadas. El mismo que por el secuestro de Ortega Lara.
Esa ignominia lo convierte en un símbolo. Sin menospreciar al resto de víctimas (muertas y vivas) merecedor de un tratamiento especial. Porque en el fondo honrar a Miguel Ángel es honrar a todas las víctimas de ETA. Víctimas de ETA, del nacionalismo separatista. Probablemente eso es lo que ha estado tratando de evitar la alcaldesa de Madrid… y de todas otras tantas ciudades que no han salido en la prensa.
El Ayuntamiento de Madrid no lució ninguna pancarta en apoyo de Miguel Ángel Blanco ni de otras víctimas de ETA en el mismo lugar en el que la alcaldesa de Podemos y PSOE (los grupos que la apoyan) ponen las pancartas de «sus causas».


Miguel Ángel y la traición de los políticos a un pueblo.

El impacto del anuncio, del hecho de que una persona había sido secuestrada y sería asesinada si el estado no se doblegaba, fue brutal. En pequeños grupos, primero, muchos de ellos asociados a las parroquias, al menos fuera de Vascongadas, la gente se reunió. Primero para rezar por su vida y por su libertad, Luego para pedir a ETA directamente que lo soltase. Finalmente los partidos políticos, incluso los nacionalistas, se fueron poniendo al frente de esas manifestaciones populares. Y por populares me refiero a que nacían del propio pueblo no de ningún partido.
Poco tardaron los partidos en traicionar al pueblo. Los nacionalistas nada. El 16 de julio de 1998 (casi coincidiendo con el primer aniversario) firmaron la «Declaración de Barcelona», autentica hoja de ruta de lo que estamos viviendo. El 12 de septiembre se consumaba la traición definitiva con el «Pacto de Lizarra» o «Pacto de Estella». Todo depende de si nos referimos a la ciudad con el nombre de los asesinos o con el nombre en español.

El inexplicado (la explicación judicial es menos que válida por los muchos cabos que deja) atentado del 11 de marzo de 2004 y el cambio general de la política del PSOE y del PP en estos últimos años confirman una traición al pueblo español solo similar a la perpetrada por Fernando VII contra aquellos ilustrados que hicieron la guerra de la independencia en su nombre, mientras él disfrutaba de la hospitalidad de Napoleón a cambio de la corona que le había regalado.


Recuerda: Como todo lo que publico no es más que una opinión.
Hoy no estoy para citas famosas. Si acaso la que oí ayer en un bar mientras tomaba una café y en la tele tenían puesta las noticias. Uno de esos dos canales que deberían haber cerrado por quiebra. Que se dedican a desmenuzar la Wurtel y otra propaganda varia (como la falta de saludo de la primera dama polaca a Trump, que no fue tal), a falta de «noticias de verdad».
«No sé porque insisten tanto —dijo alguien dos taburetes a mi derecha—, si cada etarra suelto o cada declaración de los catalanes sin respuesta quita más votos al PP que esto».

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